Salud bucodental: la gran olvidada

Salud bucodental la gran olvidada

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Hay una característica que comparten la mayoría de las enfermedades bucodentales y que explica, en buena medida, por qué tantas personas aplazan su visita al dentista: no duelen hasta que ya es demasiado tarde. Una caries puede llevar meses desarrollándose sin dar señales y una enfermedad periodontal puede avanzar durante años destruyendo el hueso. Mientras tanto, el paciente no nota absolutamente nada.

Según el Consejo General de Dentistas, el 94% de los adultos en España tiene caries, y la prevalencia de esta enfermedad alcanza el 40% a nivel. En términos concretos, unos 35 millones de españoles están afectados por caries. Esta cifra convierte a la patología en la más extendida del país, a pesar de ser un dato difícil de conciliar en la creencia popular. La imagen que la mayoría de las personas tienen de su propia salud oral es totalmente opuesta, cuando más de la mitad de los encuestados en ese mismo estudio consideraba que su salud bucodental era buena o muy buena. Con esto, se puede ver que la distancia que hay entre percepción y realidad es una parte importante del problema en cuestión.

 

¿Si no se ve, no existe?

Después de la caries, la enfermedad periodontal es la segunda causa de consultas odontológicas en España. Según los datos recogidos por Gaceta Dental, unos 5,2 millones de adultos padecen alguna forma de enfermedad periodontal. De estos, entre el 10 y el 12% la presentan en una modalidad severa, con alto riesgo de perder piezas dentales. La enfermedad empieza en las encías con una inflamación que, por lo general, se atribuye a un cepillado demasiado enérgico. Luego avanza progresivamente hacia el hueso alveolar, pero sin generar molestias. En el momento en que aparece el dolor, el problema suele estar ya muy avanzado.

Por si esto fuera poco, la medicina actual comenzó a poner el foco en que este problema no es una cuestión estrictamente oral. Las investigaciones realizadas durante las últimas décadas han establecido vínculos sólidos entre la salud de la boca y el estado general del organismo. Está comprobado que las bacterias patógenas que colonizan el surco periodontal pueden acceder al torrente sanguíneo y alcanzar órganos distantes. Esto puede agravar enfermedades cardiovasculares, complicar el control de la diabetes o generar riesgos durante el embarazo. En este sentido, la OMS señala que las enfermedades bucodentales comparten factores de riesgo con otras enfermedades no transmisibles, y su impacto sobre la salud general va mucho más allá de la cavidad oral.

 

¿Por qué se sigue aplazando la consulta?

Para entender por qué una población con buen acceso a los servicios sanitarios sigue presentando tasas tan altas de patología bucodental no tratada, es necesario mirar más allá de la higiene individual. Es cierto que los hábitos de cepillado han mejorado en las últimas décadas y que la conciencia sobre la importancia de la salud oral es mayor que hace treinta años. Sin embargo, hay factores externos que pesan más allá de las decisiones personales. Por ejemplo, la odontología no está incluida en la cartera básica del sistema sanitario público español para adultos, lo que significa que el coste de los tratamientos recae directamente sobre el paciente. Esto genera que las revisiones preventivas se aplacen y que muchas personas realicen la consulta solo cuando el problema ya es urgente.

También se debe considerar el imaginario cultural, que asocia la visita al dentista con el dolor, generando una predisposición a posponerla indefinidamente. El resultado de esto termina siendo un ciclo que se retroalimenta: se acude tarde, el tratamiento necesario es más invasivo, la experiencia resulta más incómoda, y eso refuerza la resistencia a volver. Desde Mesiodens señalan que la mayoría de los pacientes que acuden por primera vez al dentista lo hacen con patologías que llevan meses o incluso años sin tratarse, el cual es un patrón que los profesionales del sector identifican con frecuencia.

 

Lo que puede hacer la odontología moderna

La odontología contemporánea ha ampliado de forma significativa su capacidad tanto para detectar patologías en estadios tempranos como para ofrecer soluciones que hace veinte años no existían o eran accesibles solo para una minoría. La tecnología ha reducido la brecha entre detección temprana y tratamiento efectivo de una forma que habría resultado difícil de imaginar hace apenas una generación. Por ejemplo, la detección de caries por fluorescencia permite identificar lesiones antes de que sean visibles, lo que hace posible tratarlas con técnicas mínimamente invasivas que preservan la mayor parte del tejido sano. En el caso de los implantes dentales, estos se han consolidado como la alternativa más predecible para la sustitución de piezas perdidas. O la ortodoncia invisible ha conseguido ampliar el acceso a correcciones que antes requerían aparatología fija durante años.

Los avances en los métodos utilizados han mejorado hasta el punto de que muchos de los procedimientos que antes generaban ansiedad en el paciente, hoy se realizan de forma prácticamente indolora. A esto se suma que el desarrollo de protocolos de diagnóstico es más sofisticado y permite diseñar planes de tratamiento y mantenimiento individualizados, en función del perfil de riesgo de cada paciente.

 

La revisión anual como inversión, no como gasto

La prevención bucodental es un proceso tan simple como difícil de llevar a cabo. A pesar de que una revisión anual cueste una fracción de lo que cuesta un tratamiento de conductos seguido de una corona, es mínimo el porcentaje de la población que respeta estos cuidados. Un diagnóstico periodontal temprano permite iniciar un tratamiento de mantenimiento para evitar la pérdida de piezas que, una vez perdidas, requieren implantes o prótesis. Explicado así, no parece que haya mucho para dudar. Sin embargo, no siempre se sigue la lógica del coste a largo plazo, especialmente cuando el beneficio es invisible, pero el gasto es inmediato y concreto.

Si bien la mitad de las consultas al dentista en España se hacen de forma preventiva, lo cual es un avance, aún queda la otra mitad de la población, que sigue acudiendo solo cuando el problema ya está instalado. Cambiar esa proporción es, quizás, el reto más urgente que tiene la salud bucodental actual: convencer a las personas de que la boca merece la misma atención periódica que el resto del cuerpo, antes de que avise, porque cuando avisa ya suele ser tarde.

 

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