Si no sabes hacer algo, pide ayuda a un profesional, por fácil que lo veas

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Si no sabes hacer algo, pide ayuda a un profesional, por fácil que lo veas

La publicidad es una herramienta de doble filo con la que hay que tener mucho cuidado a veces aunque algunos nos demos cuenta cuando ya es demasiado tarde como para lamentarse. Lo primero que os voy a decir a todos es que contéis con una buena empresa y no hagáis nada por vuestra cuenta y riesgo a no ser que seáis profesionales de la comunicación.

Cuando se tiene un pequeño negocio, como es mi caso, y la publicidad o la promoción que necesitamos haces es a nivel local, nada de Internet ni gigantescas vallas publicitarias, podemos caer en el craso error de creer que podemos hacerlo nosotros solos, al fin y al cabo, así podemos ahorrarnos unos euros ¿verdad?

Pues para empezar hay que pedir permisos al ayuntamiento para poder hacer buzoneo, mailing y repartir folletos o lo que sea por la calle. De lo contrario te enfrentas a una buena multa a la que yo he podido escapar porque me enteré unos días antes de lo que había que hacer, pero que si no llega a ser por el dueño de un local vecino a mío que vende zapatos y deportivas de niño y niña probablemente me habría comido con patatas, porque no tenía ni la más remota idea.

Así que allá fui yo. Me planté delante del ordenador, diseñé un bonito cartel donde ofrecíamos además unos descuentos bastante apetitosos y me fui, con mis dos hijos  de 15 y 17 años, a repartir publicidad por el barrio. Hicimos buzoneo y parabriseo. A media mañana ya teníamos el barrio empapelado y yo, más orgulloso que nada, me fui a trabajar más contento que unas castañuelas.

El error

Esa mañana todo fue estupendo pero por la tarde, una vecina que me compra todas las semanas, vino a verme con el folleto en la mano: “Pomoción: 15% de decuento en embutido de pueblo, chuletas de codero y paceta  durante toda la Semana Santa”. Eso es lo que me dijo mirando el folleto y no es que no supiera hablar, no, es que había escrito: pomoción, decuento, codero y paceta.

Obviamente sé cómo se escriben esas palabras perfectamente, y obviamente se nota que son errores tipográficos, o eso pensaba yo, porque en menos de una semana me he convertido en el analfabeto del barrio. Mi mujer ya ha escuchado a dos personas diferentes cotilleando en la panadería sobre el tonto del “Toño” que ha empapelado el barrio con publicidad mal escrita.

No sé cómo se me pasaron esas palabras. Puede que los nervios o la poca costumbre de escribir a ordenador, y tampoco nos dimos cuenta cuando lo imprimí 300 veces… De haber contratado a un profesional esto no me habría pasado y ahora no sería el hazmerreír del barrio. Y lo más gracioso es que me leí cientos de webs antes sobre cómo escribir buenos textos publicitarios. Este que te da 5 consejos me pareció muy bueno, por ejemplo, pero leí un montón y luego ¿para qué? ¿Para acabar escribiendo “pomoción” en lugar de “promoción”? Si es que es para matarme.